¿Por qué recordaremos el año que se va? Porque nos marcó, porque duele, porque aquellos que han explotado su poder gracias a las viejas prácticas del fascismo ganaron este punto de inflexión que fue 2025.
A punta de mentiras, propaganda, botas militares, redadas, bombardeos, genocidios (como el continuado de Israel contra Palestina) y odio, el miedo que inocularon los líderes fascistas en la región y el planeta ganó terreno. Demasiado en un nuevo mundo en el que las mayorías parecieran despreciar el Estado de derecho, la democracia o incluso el respeto a los derechos humanos; en el que las voces disidentes y aquellos que sí creemos en la democracia, la justicia y la igualdad hemos sido perseguidos por Estados represores, al tiempo que su millonaria propaganda priorizó la aniquilación de la verdad con algoritmos banales y ‘realidades’ que distraen de los temas urgentes: aquellos sobre el prójimo, el afligido, el que padece hambre, el violentado.
En Estados Unidos, el regreso de Donald Trump a uno de los centros del poder vino acompañado de una ofensiva renovada contra migrantes, las voces disidentes, las minorías, el periodismo, los derechos de las mujeres y la población LGBTIQ+. Lo suyo fueron redadas, discursos deshumanizantes, criminalización del otro por su acento, su piel, sus creencias o identidad de género. Lo suyo no es solo postureo político: es un mensaje cultural que legitima el desprecio y convierte el miedo en programa de gobierno, mientras la región entera calla ante los abusos contra nuestros migrantes y en el continente se inoculan copias baratas de tiranos. Allá, en el norte, el laboratorio que durante décadas se presentó como garante de libertades hoy normaliza prácticas que antes denunciaba puertas afuera.
Para nuestra Centroamérica, las malandanzas de Trump son música para los oídos de sus secuaces. Nayib Bukele, en El Salvador, quizá sea el que más se beneficia. Este presidente inconstitucional (porque su gestión actual se logró violando un puñado de artículos de la Constitución) fue cómplice de Trump en una operación que violó derechos humanos, según denuncias de organismos internacionales.

El envío de migrantes venezolanos al Centro de Confinamiento para Terroristas (Cecot) no solo dio al gobierno salvadoreño millones de dólares, sino que sirvió de moneda de cambio para que el régimen venezolano liberara a un puñado de reos estadounidenses. A cambio, Bukele también pidió que un puñado de cabecillas de pandillas fuesen retornados a El Salvador, a pesar de que muchos ya habían aceptado ser ‘testigos’ del Departamento de Justicia en un caso en el que se investiga los vínculos de su gobierno con estas estructuras criminales.
Y mientras todo esto ocurría, en las otras cárceles del régimen, las que no presume la propaganda, los reos detenidos de manera arbitraria bajo esta política represiva continuaron muriendo bajo custodia del Estado. Más de cuatrocientos casos al cierre del año. Más de 400 familias que ven cómo con los suyos también muere la justicia, porque la Fiscalía no investiga y la ‘procuradora’ de Derechos Humanos, plegada a Bukele, sentencia que en las cárceles del régimen no pasa nada.
Bukele sin máscaras
El caso salvadoreño merece especial atención para nuestra región. En este 2025, Bukele ha llevado su dictadura a una nueva fase: apenas a principios de año, su partido se agenció poderes de una Constituyente para reformar la Carta Magna a su antojo, una maniobra que les permitió, luego, anunciar que “el pueblo” había decidido recortar su periodo presidencial actual (el inconstitucional, que terminaría en 2029), para que en 2027 se celebren nuevas elecciones generales (municipales, legislativas y presidenciales) en las que el líder supremo podrá competir.
“Si por mí fuera, seguiría 10 años más en el poder”, le dijo Bukele a un creador de contenidos español al cerrar el año.
Por lo pronto, y dado el control que tiene sobre todo el aparataje estatal (y una popularidad que no baja en parte gracias a los millones que invierte en propaganda con fondos públicos), Bukele tiene carta abierta para competir en 2027 y, de ganar, gobernaría hasta 2033.
Pero su deriva dictatorial no se quedó en meras reformas constitucionales. Entre enero y junio, Bukele profundizó la persecución judicial y policial contra las voces críticas con arrestos arbitrarios, criminalización de defensores de derechos humanos y periodistas. Todo bajo una estética de popularidad digital y aplauso fácil. El autoritarismo ya no necesita tanques si tiene likes, cárceles masivas y un relato que justifique cualquier exceso en nombre de la seguridad.

En enero, el régimen se metió en la casa de un par de periodistas comunitarios, allanó e incautó equipos sin acusación de por medio; en febrero, el fiscal del régimen solicitó la recaptura de los líderes ambientalistas de Santa Marta, acusados de crímenes de guerra en un caso que ya tenía sentencia de libertad. Esta solicitud ocurrió dos meses después de que Bukele y su régimen revitalizaran la minería metálica, la principal lucha de esos líderes en la zona paracentral del país. En mayo, Bukele solicitó y ratificó la Ley de Agentes Extranjeros para perseguir a organizaciones de la sociedad civil, medios independientes y periodistas con nuevos impuestos, multas e incluso investigaciones penales. Pero no se quedó ahí: su régimen detuvo a defensores de una comunidad que le pedía auxilio y días más tarde encarceló a Ruth López, jefa del equipo Anticorrupción de la organización Cristosal, quizá la voz crítica con mayor reconocimiento nacional e internacional con la que contaba El Salvador de estos tiempos. Cristosal, además, como muchas otras organizaciones y medios independientes, anunció su retiro de El Salvador para protegerse.
El 1 de junio, en su discurso de rendición de cuentas, Bukele cargó contra el periodismo independiente y la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) en un mensaje que pronosticó más persecución. Según dijo, hay periodistas que se han metido con su familia, una amenaza tácita y alarmante para aquellos medios que hemos revelado las sombras detrás del inexplicable incremento patrimonial de su clan. Siete días más tarde, el 8 de junio, el régimen capturó a Enrique Anaya, uno de los abogados constitucionalistas más críticos de su régimen.
La estampida no se hizo esperar. Más de medio centenar de periodistas y otro centenar de defensores de derechos humanos buscamos refugio lejos de casa y de nuestras familias o huimos fuera del país. Lo hicimos porque entendimos que “en El Salvador ya no hay condiciones para hacer periodismo”, ha dicho el presidente de la APES, Sergio Arauz. Y antes de seguir hay que reconocer el nuevo terreno, el nuevo mapa que nos obliga a trabajar en condiciones todavía más hostiles. Porque el periodismo, pese a todo, resiste. “No he escuchado a ningún periodista decir ‘me rindo’”, añade Arauz.

A la fecha, mientras Ruth López y Enrique Anaya continúan en prisión (los abogados de la comunidad El Bosque salieron en libertad dentro de un proceso viciado al cierre del año), a la fecha, se calculan alrededor de dos centenares de salvadoreños en este nuevo éxodo, exiliados debido a la amenaza de represión y cárcel del régimen bukelista. Entre estos hay defensores de derechos humanos, intelectuales, periodistas y líderes de la oposición.
El exilio ha regresado con fuerza a Centroamérica. Son centenares de nicaragüenses a la cabeza, autoexiliados muchos desde las matanzas y la represión de 2018, perseguidos y expatriados otros más en los años subsiguientes. Pero también hay un periodista encarcelado y decenas más procesados, junto a jueces, fiscales y defensores de derechos humanos en Guatemala, perseguidos por un Ministerio Público oscuro.
Denunciamos estos nuevos éxodos y exilios en octubre, durante el CADF 2025, invitados por la Seattle International Foundation para hablar desde la RR, pero también como parte de los muchos voceros y voceras de la Asociación Periodística Intermedios, la API. En ese cónclave todos dijimos lo que hay que decir: el periodismo salvadoreño corre un riesgo de muerte si no es apoyado y defendido.
Especial atención merece Honduras, que cobró protagonismo al cierre de este año con sus elecciones generales, pero donde los periodistas y las voces críticas han sido criminalizadas y perseguidas por el régimen que dejará el poder en enero. Los ataques acumulados en los últimos cuatro años abren un escenario para que el nuevo gobierno, el del derechista Partido Nacional, que violó derechos humanos durante las dos administraciones de Juan Orlando Hernández (el expresidente condenado por corrupción y ahora en libertad gracias a un indulto de Trump), encuentre terreno fértil para profundizar el hostigamiento a la prensa, las voces críticas y la disidencia.
En medio del caos y la incertidumbre: reinvención y periodismo
Este 2025, Redacción Regional tuvo que cambiar a fuerza de golpes. Reinventarse. Nuestra apuesta por consolidar un equipo de investigación regional se pausó debido al recorte de fondos a los proyectos de cooperación impulsado por la administración Trump, un recorte que afectó de manera directa los proyectos que liderábamos con apoyo de organizaciones internacionales que apoyan al periodismo independiente.
Nuestra apuesta editorial que impulsaba una coordinación para producir el mejor periodismo de investigación posible junto a los equipos de Dromómanos en México; Contracorriente en Honduras; Divergentes en Nicaragua y Focos en El Salvador se suspendió de tajo. Desde febrero de 2025, la RR opera con lo mínimo, con un equipo reducido y basado mayoritariamente en El Salvador, pero que desde mayo tuvo que aprender a subsistir refugiado o en el exilio.
Seguir contando Centroamérica solo pudimos hacerlo gracias al respaldo de organizaciones aliadas, pero también por los periodistas y colaboradores que han seguido acompañándonos pese a la ausencia de recursos porque que creen en este proyecto. Y así han aportado investigación, miradas frescas, innovación, reflexión, sátira y profundidad para entender juntos a esta región que se nos hunde.
Lo importante: no nos rendimos. Y seguimos, intentando encontrar nuevas formas de informar a través de la Carta Regional, una iniciativa aún sin costo que también busca hacer crecer nuestra comunidad para encontrar, juntos, caminos que nos permitan seguir llevando nuestro periodismo allá donde más se necesita. Si no te has unido, te invitamos a formar parte de nuestra comunidad en este 2026. Acá te aseguramos mirada, periodismo de investigación, buena sátira y contenidos exclusivos.

Nuestra cosecha editorial
Lo dicho: pese a las amenazas, la persecución y los riesgos en El Salvador, junto al periodista Jaime Quintanilla revelamos cómo el régimen de excepción de Bukele ha creado nuevas listas de desaparecidos por el Estado, mientras sus familias sufren la incertidumbre y, en los peores casos, la reaparición de los restos de sus familiares en fosas comunes.
En Honduras, Luis Escalante y Contracorriente nos ayudaron a revelar cómo estaba de inclinada la balanza de la propaganda electoral a favor del partido oficialista, en unas elecciones que iniciaron anómalas, con la injerencia del Ejecutivo en el proceso electoral; y terminaron peor en noviembre, con la injerencia de Donald Trump en el proceso a 48 horas de la apertura de las urnas.
En abril, Jaime Quintanilla viajó hasta el occidente de El Salvador para descubrir La playa de Nayib Bukele, el penúltimo terreno conocido del clan que gobierna El Salvador. El mandatario y su esposa compraron este inmueble de un millón de dólares en un área natural protegida en septiembre de 2024, añadiendo más propiedades a las adquiridas por el clan, que ya alcanzan las 365 hectáreas por un valor de más de 10.5 millones de dólares.
Ese mismo mes, la fotoperiodista Mayela López nos relató las historias de supervivencia de las mujeres desplazadas nicaragüenses en Costa Rica, un país donde las oportunidades escasean y la vida es más cara.
En mayo, el periodista Carlos García nos llevó desde El Salvador en un viaje por México y Estados Unidos para conocer la historia de Indio de Hollywood, un emisario del pacto del gobierno de Bukele con las pandillas, y uno de los ranfleros de la MS-13 que los Bukele quieren de vuelta en El Salvador.
En junio, el periodista Jared Olson y el fotoperiodista Seth Berry arriesgaron el pellejo para traernos una historia que revela cómo las mafias de la palma africana continúan asesinando, de manera impune, a campesinos que luchan por su derecho a la tierra en Honduras.
La pluma de Carlos García regresó en julio, trayéndonos desde Los Ángeles una historia desgarradora de reos salvadoreños con penas cumplidas y rehabilitados, y de aquellos con penas por cumplirse, que prefieren delinquir de nuevo dentro de prisiones, o hasta quitarse la vida, con tal de salvarse de las deportaciones hacia el régimen de Bukele.
Septiembre fue un mes de cosecha. De la mano de la periodista Karla Arévalo y con apoyo de periodistas aliados en Panamá, Nicaragua, Honduras, Guatemala, El Salvador y República Dominicana, le pusimos cifra a la impunidad del Parlamento Centroamericano: medio centenar de sus funcionarios han sido perseguidos por delitos relativos a corrupción, crimen organizado o narcotráfico.
Este especial de dos capítulos reveló, además, que 18 clanes familiares se han vaciado en el organismo desde 2016.
En septiembre, el periodista Jaime Quintanilla nos contó además la verdadera historia detrás de la militarización de la seguridad pública en El Salvador y, junto al equipo de MalaYerba, reveló que entre los nuevos dueños de terrenos en Poza Verde y la ribera del lago de Ilopango orbitan las sombras del clan Bukele.
Cerca del cierre del año, en octubre, el reporteo y la pluma del periodista Bryan Avelar nos trajo Las guerras del Jaguar, un especial de dos capítulos coproducido junto a Dromómanos que narra la resistencia de los maya q’eqchi’, el más numeroso de los pueblos indígenas de Guatemala, contra el invasor, que ahora se disfraza de mineras, terratenientes y narcotraficantes que han deforestado más del 40 % de sus bosques en las últimas dos décadas.

Nuevas reconocimientos, nuevas alianzas
Mientras en El Salvador Bukele intentó callar al periodismo, allá afuera, nuestro trabajo sigue siendo reconocido por su calidad, por su profundidad, por su valentía y compromiso.
En junio, viajamos como nominados al True Story Award gracias a nuestra primera investigación sobre el enriquecimiento patrimonial de la familia presidencial salvadoreña, publicada en septiembre de 2024. El trabajo de Jaime Quintanilla estuvo entre los mejores del planeta y un prestigioso jurado resaltó que “en un momento en que el periodismo independiente enfrenta crecientes amenazas, este trabajo va más allá de la condena y resulta inspirador, ya que trasciende la situación política en El Salvador y recuerda el papel esencial que desempeña la información en las democracias”.
En octubre, esta misma investigación, parte de una serie sobre el enriquecimiento patrimonial de los Bukele, ganó una mención honorífica en el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación, la COLPIN 2025, celebrado en Buenos Aires, Argentina.

En julio, en Bogotá, Colombia, el jurado del Premio Gabo eligió a Buscando a Mikelson, un apartheid en el Caribe como el mejor texto de Iberoamérica. El trabajo de Juan Martínez en este especial coproducido junto a Dromómanos y apoyado por IWPR y CAPIR es un recuerdo de una de las grandes importancias del periodismo: la de estar, siempre, allá donde sufren los más vulnerables.
Según el jurado, “con gran calidad narrativa y originalidad en la forma de contar la historia, el reportero emprende un viaje, una investigación propia, para buscar a Mikelson y contar su final. En busca de esa historia, que se convierte en un hilo conductor de la reportería y de la narración, el periodista conoce y devela los mecanismos que el Estado y la sociedad dominicana han diseñado en contra de los haitianos. Y también las estrategias que las comunidades negras han desarrollado como forma de resistencia”.
“El trabajo evidencia la independencia y los valores éticos del periodista, presenta una explicación precisa y rigurosa, y en su tema visibiliza una realidad no suficientemente abordada en el periodismo y expone una de las más graves violaciones a los derechos humanos”, añadió el jurado.

Buscando a Mikelson ganó, además, el segundo lugar en la COLPIN 2025, un premio compartido junto a la investigación Televisa Leaks de Aristegui Noticias. El especial también fue seleccionado como uno de los trabajos periodísticos más innovadores por Latam Journalism Review.
Los triunfos de Juan Martínez y Jaime Quintanilla llegaron en un contexto sin precedentes para el periodismo salvadoreño, que al cierre del año tiene a demasiados colegas y amigos en el exilio. Y, sin embargo, como dijo Juan en su discurso, “el periodismo salvadoreño está lastimado, pero no está muerto”, a pesar de Nayib Bukele.
Estos reconocimientos internacionales son, también, un recordatorio de la importancia de la denuncia, la de decenas de jóvenes que en los últimos seis años han plantado cara a un régimen que busca imponer una sola verdad.
En honor a ese legado, la RR no para y buscará este 2026 encontrar nuevos caminos y formatos de alianzas. Y ya nos metimos de lleno en ese recorrido: comenzamos en febrero pasado, integrándonos a la API, una alianza inédita que convoca a 12 medios independientes y periodistas freelance de El Salvador.
Desde entonces, acompañamos a colegas salvadoreños para revelar la persecución arbitraria del régimen de Bukele a los ambientalistas de Santa Marta que se oponen a su proyecto minero en Cabañas. Más tarde, en octubre, acompañamos la publicación de la investigación Unos terroristas de cartón para Bukele, de Andrés Dimas, coproducida por Voz Pública y Focos y que desnuda la utilización de la Fiscalía para armar un caso imposible contra un grupo de veteranos de guerra que fueron protagonistas en las desaparecidas megamarchas contra el régimen de 2021 y 2022.
En este 2026, esperamos que esta alianza cobre más frutos.

A nivel regional, en noviembre, acompañamos a Prensa Comunitaria de Guatemala en una investigación por capítulos sobre el mecanismo de corrupción en obras viales durante el gobierno de Alejandro Giammattei, y la falta de transparencia y el secretismo del actual gobierno de Arévalo en el caso.
Y en diciembre, nos fuimos hasta Honduras, con nuestra última publicación del año, donde nos reencontramos con la periodista Célia Pousset y la Red Centroamericana de Periodistas para retratar las 35 horas de la audiencia que permitió la fuga del general golpista de Honduras: Romeo Vásquez Velásquez.
Especial mención merecen nuestrxs aliadxs en Contracorriente, que nos apoyaron con su mirada y profundo reporteo para poder traerles en estas páginas todo el caos del proceso electoral hondureño.

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La selección de la comunidad RR
En la Redacción Regional sabemos que contamos con una base de fieles lectores que, a lo largo de este 2025, siguió creciendo al tiempo que premió con sus lecturas a 10 piezas imprescindibles para entender el año.
A ustedes: ¡¡¡muchas gracias por acompañarnos!!! Para quienes nuestras publicaciones llegaron por primera vez, nuestro anhelo es que se queden con nosotros en 2026.
Cerramos así este año: mínimos, pero resistencia y comprometidos con el periodismo que más se necesita.
¡Feliz Año Nuevo y nuestros mejores deseos para ustedes y los suyos en este nuevo ciclo!
A continuación, una mirada en retrospectiva a 2025, a través de la lista de materiales más visitados por todos ustedes:










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*P.D.: Esta RR que sobrevivió al 2025 hubiese sido imposible sin todo el apoyo y acompañamiento de los mecanismos de protección y apoyo de organizaciones aliadas, a nuestras amigas, amigos y familias. En los momentos más terribles, cuando creímos que todo estaba perdido, nunca nos dejaron solos y estuvieron ahí para levantarnos. A Ustedes: ¡Infinitas gracias!





