Migración

Aurelio: el deportado de Estados Unidos capturado por el régimen de Bukele

Aurelio migró a Estados Unidos para trabajar y sacar adelante a sus hijos. Años después, fue deportado. Y cuando volvió a El Salvador, tampoco encontró tranquilidad: lo persiguió otro sistema de primero sospecha, luego captura y por último encierra en las cárceles del régimen de Bukele.

El Salvador

julio 3, 2026

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El régimen de Nayib Bukele engulle a migrantes salvadoreños que no tienen cuentas con la justicia ni en Estados Unidos ni en El Salvador. Aurelio, un migrante deportado por la administración Trump, fue acosado y perseguido hasta que fue capturado. 

Desde enero de 2025, dos meses antes de que la administración de Donald Trump enviara a 252 migrantes venezolanos hacia el Centro del Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la situación de los migrantes deportados llamó la atención de organizaciones nacionales e internacionales, pero a la fecha no se ha podido cuantificar cuántos migrantes deportados por Estados Unidos terminan procesados bajo las reglas del régimen de excepción salvadoreño.

La información sobre el régimen de excepción es discrecional y está reservada durante siete años, pero los casos existen. Una investigación de Human Rights Watch (HRW), que analizó el caso de los salvadoreños deportados junto con los venezolanos en 2025, reveló posibles desapariciones forzadas en el sistema penitenciario debido a que ninguno de los reos tuvo contacto con sus familias o abogados.

La historia de Aurelio, el protagonista de este drama, es una prueba de que esas capturas ocurren en un contexto de graves patrones de violación a los derechos humanos, entre las que se incluyen también la deportación de expandilleros que nunca delinquieron en El Salvador y fueron deportados por EUA y capturados por el régimen de Bukele luego de haber cumplido sus condenas y procesos de rehabilitación en las cárceles estadounidenses.

Para las autoridades estadounidenses, Aurelio, un obrero que huyó de las pandillas antes de 2018, violó la ley migratoria y debía ser deportado. Sin embargo, en su tierra natal este hombre se convirtió en una cifra para aumentar la cuota de detenidos que alimenta el sistema carcelario salvadoreño, pese a que según el oficialismo las pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18 están neutralizadas.

El Salvador al que Aurelio regresó es un país donde el sistema captura por el color de su piel, identifica a sus víctimas según el vecindario donde residen o de acuerdo con el nivel socio económico al que pertenecen porque esas características los hace más vulnerables en un país sin Estado de derecho.

Los ciudadanos deportados que llegan cada semana a este país centroamericano están lejos de las cámaras de televisión o los fotógrafos que trabajan para la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia. Esas personas son entrevistadas por policías, en lugar de agentes de migración, y son enviados a la delegación de la Policía Nacional Civil de Zacatecoluca o a la sede del Centro de Atención Integral al Migrante.

Aquellos con peor suerte son remitidos a una de las prisiones salvadoreñas donde están más de 90.000 detenidos en el marco del régimen de excepción y también donde han muerto más de 500 personas bajo custodia estatal, según cifras de organizaciones de derechos humanos. Otros, como Aurelio, son fichados y el ojo panóptico del Régimen nos los pierde de vista hasta que decide ir por ellos.

Aurelio supo de otros deportados que no tuvieron su misma suerte y fueron capturados en el aeropuerto, y también de otros que fueron perseguidos y localizados en sus comunidades, a donde regresaron con la esperanza de rehacer sus vidas.

Aurelio fue fichado al tocar suelo salvadoreño con la peor mancha que puede traer alguien que fue expulsado del sueño americano: él es un deportado y la policía se lo hizo saber cada vez que intentó capturarlo porque —en palabras del poeta Roque Dalton— es siempre sospechoso de todo.

Durante los siguientes meses, sorteó a los policías y cambió de domicilio, y se dedicó a la albañilería en una obra en construcción mientras reflexionaba sobre la posibilidad de migrar de nuevo para reencontrarse con sus tres hijos, que siguen en Estados Unidos.

En ese lapso siguió también las noticias sobre el aumento de redadas allá, temiendo por sus hijos, evitando ser apresado en El Salvador porque sabe que ellos lo necesitan.

El testimonio de Aurelio es uno de los innumerables casos que demuestra como las autoridades salvadoreñas revictimizan a aquel que emigró y fue deportado. Ahora ya no puede seguirlo contando. Ya no más. El Régimen nunca dejó de seguir los pasos. La familia no sabe nada de su paradero. Él dejó de responder mis llamadas…

Autor

  • Eric Lemus

    Eric Lemus es un periodista salvadoreño cuyo trabajo combina la investigación académica y periodística, centrándose en las consecuencias de la autocracia y el deterioro de la democracia en Centroamérica.