Yamil Bukele es, desde el 12 de diciembre, la mano detrás de las riendas del fútbol profesional en El Salvador. Llega al cargo luego de ejercer durante más de 6 años como presidente ad honorem del Instituto Nacional de los Deportes, una oficina adscrita a la Presidencia de su hermano, Nayib, y que ha manejado cientos de millones de dólares desde 2019 hasta la fecha.
Lanzó su candidatura sin competidores que le hicieran sombra e impulsado por una campaña que él mismo creó desde hace un par de años, cuando comenzó a criticar a la Fesfut e incluso utilizó fondos públicos, cientos de miles de dólares del erario público, para crear una liga alterna de fútbol profesional que nunca llenó estadios ni creó el futuro del balompié salvadoreño, como prometía la propaganda.
Aunque la Fesfut es una entidad autónoma, en sus promesas destaca la ´construcción de nuevos estadios’, obras que impulsa (con señalamientos de irregularidades para los Juegos Centroamericanos y de El Caribe San Salvador 2023, según investigaciones periodísticas) desde su cargo público, uno que riñe con la Ley de Ética Gubernamental, a pesar de ser una plaza ad honorem.
*Texto: Redacción Regional




