El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, adoptó de manera oficial el controvertido “modelo Bukele”, en especial en materia de seguridad, la tarde de este 14 de enero, con la colocación simbólica de la primera piedra del Centro de Alta Contención del Crimen Organizado (CACCO), una prisión inspirada en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) del mandatario salvadoreño, convertido en el carcelero más célebre de la región. En medio de un movimiento de tierra que pareciera dar más lugar a una ampliación de la vieja prisión La Reforma, en Alajuela, que a una “megaprisión”, como promociona el oficialismo, el chavismo desplegó toda su batería propagandística en la víspera de las elecciones ticas, en las que la violencia provocada por el narcotráfico motivará en gran medida la tendencia del voto.
Todo el plató de la colocación simbólica de la primera piedra del CACCO fue un calco de los actos del presidente Nayib Bukele, invitado de honor en este evento que sirvió a Chaves para atacar al Tribunal Supremo de Elecciones y a la Asamblea Legislativa, con énfasis en los diputados que más le adversan. Con música de acordes épicos y el lema de que se trataba de “un día histórico” proyectado en pantallas gigantes —con los rostros de Chaves y Bukele frente a frente—, el Gobierno costarricense desplegó en un predio en ebullición por el sol un helicóptero, un barco, un vehículo blindado y oficiales de la Unidad Especial de Intervenciones que parecían robocops, para que las cámaras enfocaran ese conjunto bien diseñado que transmitía de manera eficiente la política de mano dura que a Bukele le ha resultado efectiva para neutralizar a las maras.
Un modelo de seguridad tan popular como controvertido, plagado de violaciones a los derechos humanos, incluidas la muerte de más de 400 personas en prisión y un Régimen de Excepción utilizado para castigar a críticos y opositores del mandatario salvadoreño. Una dimensión del “modelo Bukele” que no fue abordada de ninguna forma en el acto del CACCO y que, por el contrario, estuvo desbordado de elogios hacia un Bukele vestido con pulcritud, con lentes estilo aviador.
Chaves agradeció a su homólogo por ahorrarle a los costarricenses “millones de colones” en estudios técnicos previos para la construcción de la prisión, presentada por el Gobierno chavista como parte fundamental de su panacea frente a la alarmante violencia que asola a Costa Rica, un país que registra un promedio de 900 homicidios cada año, de los cuales, el 70% son atribuidos al narcotráfico. Cifras históricas alcanzadas bajo el Gobierno del presidente Chaves.

Ante los elogios sin cesar, Bukele mantuvo la sonrisa todo el tiempo, a pesar de los más de 30 grados que marcaba el termómetro y la polvareda. Mucho menos dejó de sonreír el popular presidente salvadoreño ante la advertencia que le hizo el Tribunal Supremo de Elecciones tico antes de su aterrizaje este martes: que no podía inmiscuirse en el debate político interno, en especial a solo tres semanas de unas elecciones en las que Laura Fernández, delfín de Chaves, encabeza las encuestas, aunque con un número importante de votantes indecisos, cuya decisión podría forzar una segunda vuelta.
“Muchos criticaron qué viene a hacer Bukele una vez más a Costa Rica, pero después de escuchar su testimonio, solo las personas inteligentes aprenden de mentes ajenas. El señor Presidente Nayib Bukele nos ha dado la crónica de una dictadura del crimen organizado. Solo los tontos no aprenden de una mente ajena”, soltó Chaves.
Como sea, el acto del CACCO condensó uno de los temas centrales de esta campaña política: la inseguridad rampante, que se ha convertido en uno de los principales “talones de Aquiles” del chavismo, ante su incapacidad de frenar la sangría provocada por sicarios a sueldo. Sin embargo, desde la acera de Chaves y sus aliados, como la diputada Pilar Cisneros, toda la culpa de la violencia del crimen organizado recae en el Sistema de Justicia tico “que suelta y absuelve a los delincuentes” y en los diputados que, en la Asamblea Legislativa, se han opuesto a aprobar las leyes propuestas por Chaves.

Bukele facilita el ataque a las instituciones ticas
Más allá del discurso de “mano dura” que Chaves adopta de Bukele, los críticos advierten que el Gobierno chavista ha carecido de una estrategia integral para enfrentar al crimen organizado. La respuesta oficial se ha apoyado en gestos simbólicos y anuncios de alto impacto mediático (estructurados por la diputada Cisneros, como los videos proyectados en el acto de la “megaprisión”), pero sin una política pública que articule inteligencia financiera para golpear las estructuras de lavado de dinero, un fortalecimiento sostenido del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y del Ministerio Público, el control efectivo de puertos, costas y fronteras hoy dominados por redes del narcotráfico, y programas de prevención social en los territorios donde el Estado ha sido desplazado por el narco.
En cambio, Bukele tendió la mesa para el ataque a las instituciones ticas, el único dique de contención —por ahora— frente a las formas autoritarias del chavismo. Bukele dijo que, para convertir a El Salvador en uno de los países “más seguros del mundo”, tuvo “que cambiar todo para componer”: “cambiamos jueces, Cortes, instituciones y la Asamblea Legislativa… cambios que fueron criticados por organismos internacionales”, sostuvo el presidente salvadoreño, describiendo a su modo el veloz desmontaje de la institucionalidad y del balance de poderes de su país. Un proceso que comenzó cuando ingresó al Parlamento con militares armados en 2020, siguió con la destitución de magistrados constitucionales y del fiscal general, la obtención de una mayoría parlamentaria y la reforma de la Constitución para reelegirse de manera ilegal, mientras desató represión contra opositores, activistas y periodistas.
Esa es “la medicina” que el “modelo Bukele” ha comenzado a exportar, ya no solo en el plano narrativo, y que ha encontrado en Costa Rica, con Chaves, a su principal usuario internacional. En ese sentido, sabiendo que no puede tomarse las mismas licencias que su homólogo, el mandatario tico sostuvo que se necesita “un cambio de leyes y del poder judicial que es pro criminal para llenar de delincuentes el CACCO, de lo contrario serán paredes ociosas”. Chaves anunció que presentará en las próximas semanas proyectos de ley para endurecer las penas contra el crimen organizado.
“Una ley inspirada en Italia, que enfrentó a la Cosa Nostra, y en El Salvador. Que la ley declare delito el solo hecho de pertenecer a las bandas del crimen organizado”, planteó Chaves.
Pero, a sabiendas de la oposición que enfrenta en el Parlamento, el mandatario fue más allá y lanzó un mensaje que terminó por desafiar la advertencia del Tribunal Supremo de Elecciones de no hacer proselitismo durante el acto con Bukele: “Los nuevos diputados, a partir de mayo, deberán decidir un nuevo marco jurídico para Costa Rica… eso es también un elemento de reflexión para el pueblo de Costa Rica”, sugirió Chaves desde su “megaprisión”, que emula solo en las formas al Cecot de Bukele, que en la práctica, se trata de un complejo muy inferior en escala: cinco módulos con 20 celdas de aislamiento en 91 000 metros cuadrados de terreno, con capacidad para 5100 reclusos, frente a los 236 000 metros cuadrados de la prisión salvadoreña, equivalente a casi siete veces el tamaño del Estadio Cuscatlán en San Salvador, donde caben hasta 40 000 presos, incluidos en su momento deportados durante la segunda administración de Donald Trump.
La versión original de este artículo fue publicada por Divergentes.




